Como Scort VIP, les contaré de una experiencia planificada por un cliente que buscaba que lo complaciera, gracias a mis referencias de ser una chica, que cuando llego al clímax, me vengo de chorrito sobre mis hombres.

Soy Romina, una morena chilena de 24 años, dorada por el sol, de carnes blandas, un poco voluptuosa y de labios carnosos y ardientes, tanto arriba como abajo.

Rafael quería un encuentro  harto exclusivo. Él, un cazador exótico, adulto contemporáneo. De cuerpo maduro y de seductores vellos que cubrían su pecho, brazos, piernas y venoso sexo.

Había reservado un motel, donde nos esperaba una piscina cálida, y las ganas de entrar en la intimidad, cada vez iban cobrando efervescencia. Lo deje que hiciera lo que quisiera conmigo porque estaba pagando súper bien por un par de horas.

Me llevó hasta ese lecho amatorio tapándome los ojos. Allí, me fue desnudando lentamente y ya se delataba muy excitado. Susurraba a mis oídos, me confesaba sus cochinadas, me lamía cada centímetro de mi piel mientras eso me erizaba. Yo lo tocaba, acariciaba, desvestía y enterraba mis uñas en su piel.

Su pene yacía fuerte, erecto y lubricadito. Me recostó a la orilla de la piscina y jugueteamos mucho con nuestras desesperadas lenguas. Intercambiamos varias posiciones para disfrutar de esas ricas mamadas hasta que ambos quedamos en un 69 que nos asfixiaba el desenfreno de comernos uno al otro.

Esa primera acabada fue inevitable, como él lo había deseado, me vine con un chorro fuerte en su boca, cuando se apoderó de mi chichi y no la soltó hasta que sintió la presión de mis agüitas calientes sobre su boca y cara. Sincronizadamente vació el néctar de su semen en mi boca y así nos quedamos inertes, degustando esos manjares.

Luego nos metimos en la piscina, disfrutamos de ricos masajes mutuos por una media hora hasta que de nuevo estábamos haciéndonos el amor, ahora debajo de las aguas, sus penetraciones se volvían cada vez más intensas y desenfrenadas. También se masturbo entre mis senos y con la misma, me arrinconó varias veces, abría todas mis piernas y me penetraba sin compasión, después me daba vuelta y todo su talante lo engullía en mi culito mientras me masturbaba, yo gemía incesante para finalmente explotar dentro de mí.

Esa noche, mi amigo Rafa estaba insaciable y hasta perdí la cuenta de las veces que me hizo suya, dentro y fuera del agua.

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