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Cada amanecer me trae ricos recuerdos de experiencias muy significativas como chica Escort Chilena. Añoro a Don Ricardo, todo entradito en años, muy bien físicamente, canoso y con extraordinario apetito sexual. No es un “viejo verde”, ni parecido

Soy Rosa, de Santiago, en mis 15 años de servicio para adultos, Ricardo ha sido uno recurrente, le gusta mi estampa voluptuosa, mis labios gorditos de arriba y de abajo y le fascina la rosita tatuada en la orilla de mi culo.

Esta vez me contrató para unos masajes en su casa, allí me asfixió con sus besos con los que parecía comerme toda. Jugábamos mucho con nuestras manos que se adentraban a nuestros sexos en búsqueda de esos ricos tesoros eróticos.

Mi cabeza descendió a su entrepierna y luego de pasar suavemente mi lengüita por todas partes, tenía en mi boca a ese maduro miembro totalmente erecto. Sutilmente comencé a mamarlo hasta que estuvo fuerte como el hierro. “Riqui” me levantó y en la orilla de la cama comenzó a penetrar mis senos con su pene.

Luego me acomodó al centro de la cama y quedando yo abajo, ese hombre casi me ahogaba con su venoso miembro en mi boca, sus testículos chocaban con mi cara, los cuales casi me hacían sacar lágrimas. Se apoderaba de mi pepita con su lengua y sus dedos de mi estrechito culo, ambos nos perdíamos en aquel 69 maravilloso.

Él iba auto controlando su eyaculación, hasta que en mis gemidos le pedí que me penetrara.

Comenzó a frotar su pene sobre mi ardiente vulva, hasta que de un solo golpe ya estaba dentro de mí. Dimos vuelta y me puse a cabalgarlo. Nuestros pubis se friccionaban largamente hasta que me hizo acabar sobre el.   Fue lamiendo dulcemente mi vulvita y me acomodó de espaldas, subiendo mi culo dilatadito para penetrar mi rosita poco a poco con toda su virilidad.

Mis gemidos se escuchaban en toda la casa al sentir ese animal desatado penetrándome y sin compasión por detrás, hasta que su caliente chorro de semen se escapó dentro de mí. Ese hombre convulsionaba de placer y con la misma me lamió su acabada dentro de mi rosita, para pasar esos últimos fluidos a mi boca y hacérmelos tragar.

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